Algo importante tenía que ocurrir para poner fin a tanto tiempo de silencio en mi blog y ha sido el centeario del nacimiento de uno de los mayores genios de la informática: el británico Alan Turing.

En el mundo de la informática al que me dedico profesionalmente, es muy habitual que las grandes figuras conocidas por el gran público como genios de la informática no sean en realidad más que genios de los negocios que, aunque hayan sido importantes para hacerla llegar al gran público poco han aportado a la informática en sí. El fallecido Steve Jobs o Bill Gates son buenos ejemplos de ello, mientras que otros cuyo genio es indiscutible como el también fallecido Dennis Ritchie (cuya noticia sobre su murte fue totalmente eclipsada por la de Jobs) permacenen en el anonimato para la mayoría de los mortales.

Alan Turing es otro de estos genios poco conocidos fuera del mundillo, pero cuya aportación es dificilmente cuantificable. Nació en Londres, el 23 de junio de 1912 y está considerado como padre de la informática moderna, al formalizar los conceptos de algoritmo y computación. Su creación, la máquina de Turing (un dispositivo hipotético muy simple pero capaz de simular cualquier algoritmo de ordenador), permitió entender los límites del cálculo mecánico. También realizó importantes aportaciones en el campo de la inteligencia artificial.

Otro de sus éxitos ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, cuando desarrolló Bombe, una máquina que permitía romper la claves y desvelar así los mensajes secretos que los alemanes cifraban con su máquina Enigma. Este hecho fue una de las claves de la victoria Alíada.

Sin embargo, mal pagadas fueron sus aportaciones en su Inglaterra natal. Por su condición de homosexual, en 1952 fue acusado de «indecencia grave y perversión sexual». Convencido de que no tenía de qué disculparse, no se defendió de los cargos y fue condenado. Se le dio a elegir entre la cárcel o la castración química. Eligió esto último y sufrió numerosos efectos secundarios, como la aparición de pechos, obesidad e impotencia.

Finalmente murió en 1954 por envenenamiento con cianuro al comer parcialmente una manzana envenenada. Oficialmente declarado como suicio (aunque hay quien apunta al evenanamiento accidental por falta de precauciones en el almacenamiento de productos químicos o incluso al asesinato), su vida terminó amargamente y envuelta en una nube de misterio.

Debido a la movilización pública, el 10 de septiembre de 2009 el primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, emitió un comunicado declarando sus disculpas en nombre del gobierno por el trato que recibió Alan Turing durante sus últimos años de vida. Sin embargo, en 2012 el Parlamento británico volvió a negar el indulto al científico, aduciendo que la homosexualidad era considerada entonces un delito penal.

En honor a su memoria y desde 1966, la Association for Computing Machinery otorga anualmente el Premio Turing, considerado el Nobel de la informática.