Las personas no tienen denominación de origen
y tu lugar de origen no es un sello de calidad.

Ni cargas con las culpas de tu abuelo,
ni heredas la honra que él ganó;
y prefiero hablar la lengua que entendemos
que la que mi madre me enseñó.

Porque una tela sobre un mástil no abriga las noches de frío
y hace falta una mente enferma
para trazar líneas en un mapa
y convertirlas en fronteras.