Hoy, paseando por mi pueblo, me he encontrado con estas pintorescas imágenes:

Todavía no estoy suficientemente imbuído en las tradiciones del pueblo en el que ahora vivo como para conocer cómo se llega a reina infantil de las fiestas, pero, hasta donde yo sé, estas cosas se resuelven básicamente de dos formas:

En algunos casos, se trata de un proceso de elección que falla algún tipo de jurado (ya sea de ‘notables’ o popular).

En otros, sin embargo, es tan alto el coste económico que conlleva para la familia el cargo de la afortunada que, sobre todo en pueblos pequeños, suele ser un honor solicitado por las familias pudientes, dándose con mucha frecuencia (en caso de varias candidatas) acuerdos del tipo ‘este año mi hija, el próximo la tuya’.

Como digo, desconozco el proceso en esta ocasión, y aunque no dudo el orgullo que supone para la familia de la afortunada semejante condecoración, esta exposición pública la veo… digamos que excesiva.

Sin duda, alguno de ustedes, inteligentes lectores, se preguntará: ‘¿Y de qué te extrañas? ¿Tan distinto es esto de colgarlo en el Facebook?’ Y probablemente, tenga razón.