Leo en la noticia de El Mundo la polémica que ha suscitado el libro «Pequechistes sobre chicas (sólo para chicos)», donde podemos leer perlas como «En qué se parecen una mujer y una pelota de frontón: en que cuanta más caña las das, más rápido vuelven»,«Gritó el sargento: ¡toquen a diana! Y todos los soldados metieron mano a Diana» o «En qué se parece una mujer y una baldosa: en que las dos están a nuestros pies»

Portada de "Pequechistes sobre chicas"

Por desgracia, históricamente el humor se ha nutrido prolijamente de la burla al débil. Minusvalorados, tartamudos, inmigrantes, mujeres, gangosos (¿quién no recuerda a Arévalo?), obesos, enfermos de síndrome de Down o víctimas de ETA (como el caso de Irene Villa) han nutrido el arsenal de humoristas sin gracia, que recurren a los ‘bajos instintos’ para suplir su falta, no ya de genialidad (que ni la tendrán ni sabrán reconocerla), sino ni siquiera del buen hacer. Porque sí, este tipo de humor (si es que se le puede llamar así) es, cuando menos, un humor de muy baja calidad, del que cualquier humorista serio que se precie de ello se sentiría avergonzado de tener que utilizar, al igual que cualquier profesional de lo suyo se avergüenza de trabajos mediocres. Sin embargo, en este mundo en el que vivimos el mediocre campa a sus anchas, triunfando jaleado por una hornada de mediocres como él, que satanizan al genio, ya sea porque su ignorancia les impide valorarlo o por simple y llana envidia.

Como portavoz durante años de uno de estos colectivos, en multitud de ocasiones hemos tenido que enfrentarnos a este problema. Las respuestas del humorista mediocre suelen ser las mismas:

  • Apelar al derecho a libre expresión: como si la libre expresión fuese un coladero en el cupiera la mofa, el insulto o la apología. Habría que darles un cursillo acelerado de derecho a algunos.
  • Insistir es que no es reírse ‘de’ sino reirse ‘con’: Ya. Y cuando yo te llamo ‘imbécil’ no te estoy insultado, estoy compartiendo contigo una crítica constructiva.
  • Quejarse de que no sabemos ‘reírnos de nosotros mismos’: Otro coladero que ‘misteriosamente’ sólo funciona en una dirección.

De hecho, el susodicho libro antes mencionado, se publicita de la siguiente forma «los mejores chistes e historietas graciosas para niños reunidos en una colección, con un contenido ‘blanco’ que fomente su sentido del humor […] contiene chistes «para que los chicos que burlen sanamente de las chicas».

¿Blanco? ¿Burla sana? Espera que me he perdido ¿El abuso sexual es blanco? ¿El maltrato es burla sana? Ya es asqueroso tener que leer esto en un libro, pero que encima sea en un libro para niños, en una edad en la que están fijando los conceptos morales, es escandaloso. Luego nos quejaremos de lo cafres que son de mayores.

En el fondo no quiero hacer una crítica exclusiva a los autores. El humor, como la literatura y otras artes, no suele ser más que el reflejo de la sociedad en la que se crea. Parecía que con la relativamente reciente moda del monologuismo estábamos apostando por el humor inteligente y desterrando este tipo de actitudes, pero parece que aún sobreviven. Al final, habrá quién diga que si esto se hace es porque se vende. Y sí, será verdad, la incultura es lo que tiene. Aún hoy en día, si alguien dice que McDonalds es el mejor restaurante del mundo (por mucho que sea el que más venda), seguramente recibirá un montón de críticas. En lo demás, por desgracia, no somos tan sabios…